Futuros actores de la UAA reflexionan sobre arte, convivencia y el teatro como Cultura de Paz.
Aguascalientes, Ags. ¿Puede el teatro propiciar paz en nuestras relaciones y en la manera en que habitamos el mundo? Esta fue la pregunta que definió el miniproyecto de investigación “Teatro y Cultura de Paz”, realizado por estudiantes de la Licenciatura en Actuación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, un proyecto que involucra un proceso íntimo, colectivo y humano, donde el aprendizaje académico se mezcla con la experiencia personal.
Andrea González Meza, Iván Alejandro Guzmán Lozoyo, Dalia Alerce Bautista Sandoval y Naidelyn Marlene Sánchez Pérez, se encargaron de desarrollar este proyecto, y fueron acompañados por la Dra. Ana Margarita Castillo Rodríguez, quien les propuso mirar la práctica actoral no sólo como una disciplina artística, sino como un espacio para cuestionar la convivencia y las dinámicas de poder que se reproducen incluso dentro del arte.
Al inicio —explicaron— el proyecto partía de una afirmación: el teatro genera cultura de paz, sin embargo, conforme avanzaron los ejercicios, el cuestionamiento se volvió más complejo, “conforme avanzamos, entendimos que no siempre es así: depende de cómo nos relacionamos quienes hacemos teatro y qué hacemos con esa sensibilidad que el arte nos da”, explicaron.
A lo largo del laboratorio escénico, el grupo trabajó con ejercicios del Teatro del Oprimido, el Teatro Playback y el Teatro Espontáneo, así como con técnicas actorales que forman parte de su formación profesional. Estos ejercicios permitieron visibilizar jerarquías, tensiones, acuerdos y conflictos que muchas veces pasan desapercibidos. Fue ahí donde surgió una de las principales reflexiones del proyecto: el arte, por sí solo, no garantiza relaciones sanas; es la conciencia, la ética y la congruencia de quienes lo practican lo que puede transformarlo en una herramienta de paz.
Como parte del análisis, el grupo profundizó en cinco habilidades socioemocionales: autoconocimiento, autorregulación, autonomía, empatía y colaboración. Cada estudiante examinó desde su propia experiencia apoyándose en bitácoras, donde registran, no solo ejercicios, sino emociones, sensaciones corporales, conflictos y aprendizajes, lo que les permitió observar qué había cambiado en ellos y ellas como personas y como artistas.
Una de las conclusiones fue reconocer que el conflicto siempre estará presente, tanto en la escena como en la vida. La diferencia —afirmaron— está en cómo se aborda: si desde la imposición y la competencia, o desde el diálogo, la escucha y el trabajo en equipo.
El proyecto culminó con la construcción y aplicación de una clase muestra, dirigida a estudiantes pares de Actuación de la UAA, en la que compartieron los ejercicios, reflexiones y preguntas que surgieron durante el proceso.
Para los estudiantes, uno de los aprendizajes más significativos fue comprender que el proceso creativo inicia de adentro hacia afuera, trabajarse emocional y éticamente como individuos es el primer paso para generar espacios colectivos más conscientes y respetuosos. Solo así, dijeron, el teatro puede trascender el escenario y convertirse en un acto de responsabilidad social. “La pregunta que más nos atravesó fue: ¿para quién hacemos teatro?, porque primero tienes que trabajarte a ti, para luego entender cómo eso que haces puede tocar, cuestionar o acompañar a los demás”
Este miniproyecto no solo aportó un artículo académico y una experiencia pedagógica, sino que dejó una oportunidad de que nuevas generaciones puedan aprender de este contenido. Como coincidieron los estudiantes, el teatro no promete soluciones inmediatas, pero sí ofrece un espacio para detenerse, mirar al otro y decidir, colectivamente, qué historias queremos contar y desde qué lugar.
