Síndrome del impostor: especialista de la Universidad Panamericana explica por qué afecta a jóvenes brillantes.
Aguascalientes, Ags. Obtener un excelente promedio, egresar de una universidad de prestigio o conseguir un puesto en una empresa reconocida no siempre se traduce en confianza al iniciar la vida laboral. Para muchos jóvenes, el primer empleo viene acompañado de una sensación constante de no estar a la altura de las expectativas, aun cuando cuentan con la preparación necesaria.
De acuerdo con el Dr. Alejandro de los Reyes Moreno, psicólogo y director de los Laboratorios de Psicología de la Universidad Panamericana campus Aguascalientes, este fenómeno, conocido como síndrome del impostor, suele presentarse con frecuencia en profesionistas recién egresados que ingresan a empresas altamente competitivas.
«Muchos jóvenes llegan a organizaciones donde el nivel de exigencia es muy alto. Aunque están acostumbrados al esfuerzo y al buen desempeño dentro de la universidad, cuando salen de esa zona de confort comienzan a pensar que no tienen las capacidades suficientes o que, si lograron obtener ese empleo, fue por mera suerte o coincidencia», explica.
El especialista señala que este tipo de pensamientos pueden convertirse en una forma de autosabotaje que limita el crecimiento profesional desde los primeros meses de trabajo.
«Las primeras señales aparecen cuando la persona empieza a sentirse insuficiente, cree que no da el ancho o que en cualquier momento los demás descubrirán que realmente no sabe hacer las cosas. Ese desgaste emocional puede derivar en burnout, ansiedad e incluso en algunos casos en síntomas de depresión», advierte.
Además del impacto emocional, el síndrome del impostor puede influir directamente en las decisiones de carrera. «Muchos jóvenes desarrollan conductas evitativas. Renuncian a nuevos proyectos, dejan de buscar oportunidades de crecimiento o incluso cambian de trabajo porque creen que en ese lugar ya no pueden dar más, cuando en realidad el problema está en la percepción que tienen de sí mismos», afirma.
Para enfrentar esta situación, el académico explica que una de las herramientas más eficaces es la terapia cognitivo-conductual, la cual permite identificar los pensamientos automáticos negativos y reemplazarlos por interpretaciones más objetivas.
«Buscamos que la persona haga consciente esas ideas repetitivas de ‘fue suerte’ o ‘no soy suficientemente bueno’ y las confronte con evidencia real de sus logros. Cuando descubre que ha obtenido buenos resultados de manera constante, entiende que no fue casualidad, sino producto de sus capacidades», comenta.
